Soy el detective Vargas, camino con el cuello del abrigo levantado y el humo de mi cigarrillo dibuja espirales de derrota.
Las pistas ya no me confunden, aunque me lleven de oficinas elegantes a callejones donde los matones sonríen, porque ambas trabajan para el mismo hombre, capaz de comprar empresas de día y voluntades de noche. El capitalismo ha construido un reino donde las acciones en bolsa y el contrabando comparten la misma mesa.
Cuando llego al ático del magnate, encuentro el despacho vacío con cuatro puntos de interés: un cenicero repleto de colillas aún humeantes, la ventana abierta, un sobre con mi nombre y una suma imposible de rechazar.
Resuelvo el caso fácilmente porque el misterio no está en quién comete los crímenes, sino en lo poco que cuesta convertir a un hombre honesto en cómplice.
Sensacional esse final e desde o início, descreveste até a roupa clássica no nosso imaginário,quando lembramos de detetives!
ResponderEliminarFicou ótima tua participação!
abraços, chica
¡¡¡¡¡¡¡detective Vargas!!!!! han fumao....¡¡¡¡ han fumaoooooooooooooooo ¡¡¡ hay colillas en el cenicero.
ResponderEliminarCargado, porfa, que tengo que investigar.
Ese detective es inteligente a la par de de listo.
ResponderEliminarMuy bueno el vestuario del detective y ese humo la huella va dejando
Besos 😘😘
Censura, qué placer leer esta intriga urbana tan bien construida. El detective Vargas avanza entre humo, derrota y poder, moviéndose por oficinas elegantes y callejones que sirven al mismo dueño de la ciudad. El ático vacío, las colillas humeantes, la ventana abierta y ese sobre con una suma imposible revelan la verdad más dura: lo poco que cuesta comprar una conciencia. Un relato afilado, crítico y lleno de atmósfera.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Resultó ser un detective muy efectivo...y pragmatico, al aceptar el dinero.
ResponderEliminarMuy dentro del policial negro. Bien contado..
Un abrazo
Todos los relatos que he leído aquí dentro son muy "atmosféricos" y el relato de hoy no ha sido una excepción. Me encanta tu estilo de escribir.
ResponderEliminarQue tengas un buen mes.
Un abrazo
Un detective que nos va dejando una crítica de nuestro mundo, de nuestras políticas y del materialismo, que domina y corrompe todo...Muy bueno, compañera de letras.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y feliz mes de julio, que lo tenemos.
Ese detective sin dudas es para desconfiar, mejor cuidarse, creo que por dinero es capaz de hacer cosas no muy buenas.
ResponderEliminarMe encantó tu cafecito mafioso, un abrazo.
PATRICIA F.
Recuerda a tu amigo detective que me tiene prometidos dos mil pavos...
ResponderEliminarSi no, cantaré tambien "La Traviata"...
El que avisa no es traidor (o sí, quién sabe).
Un abrazo, amiga.
Veo tu relato absolutamente acetado y bien ambientado para la temática, y además critico.
ResponderEliminarMiy listo el detective al aceptar el dinero. Si es que, no se libra nadie!
Un abrazo!
Excelente!! Muy bueno!! Teléfono para Vargas!!
ResponderEliminarHola Verónica,
ResponderEliminarUna muy buena descripción de la profesión de detective, incluido el estereotipo de la vestimenta y con una moraleja que a día de hoy es muy cierta: hay cosas que vendemos muy barato.
Un saludo
UPS. Es fuerte. Cómo te haces cómplice de una historia así?
ResponderEliminarSoy gustab, pero hoy estoy fuera del sanatorio.
Desgraciadamente es como dices.
ResponderEliminarMe gustó lo conciso de tu relato, no por ello quitar un ápice de intriga.
Besos
Manipulaciones que nos dejan sin esperanza. Mala gente la que se vende o se deja comprar. Un abrazo
ResponderEliminarSolo llegaron a su precio, como con tantos otros...
ResponderEliminarjejejeje Vargas es un hombre bien de estos tiempos que corren.
ResponderEliminarPodría ponerle muchos otros nombres propios de la Argentina de la última década, a los que seguro les queda perfecto el sombrero de Vargas.
Eso sí, por unos pocos euros de querusa también puedo llamarme a silencio.
Abrazo grande, Censura
Vargas va para politico. Ya sabe cómo gestionar la tentación.
ResponderEliminarAbrazooo