Educada y reservada, apenas dejaba oír sus tacones resonar. Saludó al portero recién contratado y entró en el ascensor.
En casa, se quitó los zapatos, la gabardina y dejó las llaves donde siempre.
Llegó al salón y se colocó en el centro, las cuatro paredes tenían espejos de cuerpo entero y, en su reflejo, ninguno mostraba la misma imagen. En uno de ellos, la imagen sonreía unos segundos antes que ella; el otro inclinaba la cabeza unos grados más hacia el hombro; el tercero introducía una mano muy despacio en el bolsillo de la falda y en el ultimo, el cuerpo reflejado se acercaba despacio como temiendo romper algo delicado.
Solamente seguía una norma, nunca cambiar si alguien está mirando.
Sonó la puerta del apartamento con tres golpes de nudillo.
- Señora, todo bien? Se oyó en el interior.
Ella se quedó quieta, pero las imágenes de los cuatro espejos se movieron a la vez mostrando el reflejo de sus manos ya en el pomo de la puerta y un rostro feliz.
Los espejos suelen reflejar mucho más que un físico, el alma a veces.
ResponderEliminarMuy buen reto, me ha gustado y me ha dejado pensando. Muchas gracias por sumarte.
Besitos.
Por vezes temos que temer o que os espelhos querem nos mostrar!
ResponderEliminarLinda participação!
Perfeita! abraços, tudo de bom,chica
Amiga, a pesar de lo breve tu relato es potente. Cuando se tiene apariencia social por un lado y por el otro introspección, lo auténtico se dispersa ante la mirada ajena, es muy difícil mantener un equilibrio, cada gesto delata lo reprimido.
ResponderEliminarMe gustó el juego de los espejos, distintas poses, muchas dudas.
Abrazos.
Tremendo, muy bueno, los espejos aunque silenciosos muestran a gritos lo que a veces nuestra imagen no muestra a los demás, me gustó mucho.
ResponderEliminarSaludos.
PATRICIA F.
Hola Verónica,
ResponderEliminarPedazo de cuento. Pese a su brevedad me quedan muchas dudas, de eso se trata, la principal es si los espejos nos muestran lo que queremos o nos acusan de lo que no queremos. En todo caso están coordinados con nosotros y hacen labor de equipo.
Un saludo
Amiga Veronica, bom dia de Paz!
ResponderEliminarMuito bonito. O olhar interior acalma os.olhares exteriores.
Tenha dias abençoados!
Beijinhos fraternos
Uy uy uy... esos reflejos, del alma quizás? de intenciones futuras? de pasados extraños? me ha encantado ese misterio tras la puerta. Bss
ResponderEliminarTu relato abre una grieta inquietante y hermosa a la vez: ese territorio donde lo que somos cuando nadie nos mira se multiplica en versiones que quizá tememos, quizá anhelamos, quizá ni siquiera reconocemos. Los espejos que propones no reflejan un cuerpo, sino posibilidades, dudas, impulsos que se adelantan o se retrasan respecto a la voluntad. Es un juego sutil y perturbador, como si la intimidad tuviera vida propia.
ResponderEliminarMe ha impresionado esa norma final —“nunca cambiar si alguien está mirando”— porque encierra una verdad incómoda: cuánto nos condiciona la mirada ajena y cuánto nos cuesta sostener la autenticidad cuando el mundo golpea la puerta. Ese instante en que los reflejos actúan por su cuenta es casi una revelación.
Un relato breve, sí, pero lleno de resonancias.
Gracias por esta invitación a mirarnos sin miedo.
Un fuerte abrazo, Verónica
Esto se pone interesante ¡¡¡
ResponderEliminarLa voz del portero quedó suspendida en el aire, como si también esperara permiso para existir.
ResponderEliminarElla no respondió.
Sus ojos, fijos en el espejo donde la figura ya sostenía el pomo, parecían buscar un error, una grieta, algo que delatara cuál de todas era la auténtica. Pero no había fallo. Nunca lo había.
Los nudillos volvieron a golpear, esta vez más suaves.
—¿Señora?
En el espejo de la izquierda, su reflejo echó el cerrojo.
En el de la derecha, retrocedió un paso.
En el tercero, sonrió con una dulzura que ella no recordaba haber sentido en años.
Y en el último… en el último, la figura ya no era exactamente ella.
Algo en la postura. En la forma en que los dedos se curvaban alrededor del metal. En la manera en que los ojos brillaban, expectantes.
Entonces ocurrió.
Un clic seco atravesó la habitación.
No vino de la puerta real.
Vino del espejo.
El que tenía la figura distinta.
Ella no se movió.
Pero ahora sabía que la norma ya no dependía de ella.
“Nunca cambiar si alguien está mirando.”
Y alguien, al otro lado del cristal, acababa de abrir.
Cada reflejo, una parte contenida de lo que solemos callar. Muy sugestivo, Verónica. Un abrazo
ResponderEliminarUna historia interesante para que cada cual le ponga el final que quiera.
ResponderEliminarUn relato muy intrigante.
Hola Verónica! Esa idea de los espejos que no reflejan exactamente lo mismo es inquietante y original. Tiene un aire a horror psicológico sutil, casi kafkiano
ResponderEliminarEl contraste entre su inmovilidad y lo que hacen los reflejos genera un escalofrío muy efectivo.
Siempre me intrigaron los espejos, es una dimensión extraña. Y no, no suelen ponerse muchas veces de acuerdo para mostrar lo mismo. Lo compruebo cada mañana en mi paseo por el cementerio.
ResponderEliminarSiempre he sentido miedo de las cosas que se ven en los espejos cuando nadie los mira... Uf, es tremendo...
ResponderEliminarPor cierto, mi espejo es un vulgar mentiroso. Siempre me veo mas guapo que un San Luis de palo. Sin embargo, luego, en las fotos, salgo fatal... Y la culpa la tiene el espejo, maldición, que me engaña, quién sabe porqué.
Un abrazo asustado, amiga
Por cierto, decirte que "La capilla tiene unas dimensiones, digamos, normales. Grande, desde luego, no es.
EliminarYo entré casi por casualidad una tarde/noche que estaba lloviendo. No había nadie en el templo y me llamó la atención la capilla, que estaba iluminada. Hice la foto con el movil. Lo malo es que había una verja y tuve que hacer florituras para que el telefono no se me cayera dentro de la capilla, con la verja cerrada y sin nadie por allí. Porque uno, sin duda, es torpe y esas cosas me suelen pasar..."
Feliz fin de semana, amiga
Es una norma difícil de seguir, pero merece la pena.
ResponderEliminarMe dio vértigo imaginarme la habitación con los cuatro espejos *.* No sé yo cómo afectará al Feng shui...
Comparto ese cafecito con reflejo.
Un besazo juevero, Verónica
Los espejos a veces devuelven lo que tenemos guardado y donde cada gesto refleja el alma desnuda. Me gusto el misterio que le diste al cuento.
ResponderEliminarMuy buena la imagen del cafecito con reflejo, mucha poesía!
Que tengas un buen día
Abrazo
EL RELATO SEGUIRÍA UNAS LÍNEAS MAS....
ResponderEliminarQuieta y paralizada por el miedo, sabía qué venía después. Las cuatro manos del espejo sostuvieron el pomo, las suyas estaban entrecruzadas detrás de su espalda. Mientras los espejos sonreían felices, ella temblaba sin control visualizando, pensando y rememorando... otra vez.
Es un relato genial y mi imaginación se dispara porque no sería capaz de escribir algo así. Recuerdo a un antiguo amigo que su mujer puso el dormitorio rodeado de espejos ( hasta en el techo) para que el disfrutara cuando hacían el amor.
ResponderEliminarUn saludo amiga.
Una sensación fuerte, donde el espejo te devuelve la sensualidad de reconocerse a solas y amarse sólo por si. 4 espejos que no hablarán , pero estarán cuando nadie quiera estar... un imagen muy erótica...
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