Un bizcocho recién horneado en casa, el talco, el inconfundible olor del tocador de la abuela, las gomas de borrar de nata, las páginas de los libros nuevos, ese aroma a plástico de las pelotas y colchonetas de playa, la plastilina, el pelo de las muñecas nuevas, el algodón de azúcar o los churros de la feria, el chocolate caliente o el caramelo del flan casero.
Cuenta la ciencia que este fenómeno se llama efecto Proust, en el que un estímulo nos conecta con el pasado de manera involuntaria, dicho de forma simple que es como lo entendí, porque Marcel Proust, que se rasque a quien pique, aunque era un señorito snob que se miraba el ombligo por delante, detrás, arriba y abajo, antes, después y en todo momento, y "mojaba magdalenas en el té", no era un hombre simple y reconozco que era un genio describiendo paisajes y ambientes.
Hoy he imitado un poco de Proust y he recordado tu ausencia y todo lo que me dejaste, infancia...
Bem explicado o efeito Proust e gostei muito de tuas saudades... Quem não sente a ausência de quem acarinha, perfuma, faz bolos deliciosos entre tantas outras coisas? ela participação! abraços, chica
ResponderEliminarGracias, Chica, un abrazo.
EliminarGracias, Verónica, has hecho toda una ausencia que sea superagradable y divertida; ese Proust sabía lo que se hacía, ajja. Un besote y estupenda tu entrada.
ResponderEliminarMe pillo una magdalena, jj.
Como ves me salí por la puerta de atrás con la infancia... Y una ensaimada también si te apetece!!!! Gracias.
EliminarMuy bonito el relato. Me has hecho regresar a esa infancia que ya desapareció hace tantísimos años, y que recordamos siempre.
ResponderEliminarsaludos
Para nada, no desaparece, seguro que todavía la llevas dentro!!! Un abrazo y gracias por venir. Ahora me paso por tu casa, tienes café? :)))
EliminarMuito interessante! Gostei de conhecer!
ResponderEliminarBjxxx,
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Muchas gracias. Saludos.
EliminarEstá bien tomar lo mejor de los autores, para evocar el pasado, describiéndolo.
ResponderEliminarSobre todo cuando se trata de recordar a alguien ausente
Un abrazo.
En este caso no hay nadie ausente, más bien todo lo bueno que nos dejó el ser niños, detalles pequeños pero imprescindibles para crecer. Un abrazo y muchas gracias.
EliminarMe ha gustado
ResponderEliminarUn saludo
Me alegro. Otro saludo :)
EliminarAmiga Verônica, boa noite de paz!
ResponderEliminarTenho também certas presenças de vários âmbitos que nunca saem do meu coração.
Ficou linda sua participação!
Tenha dias abençoados!
Beijinhos fraternos
En el corazón y en todos nuestros sentidos guardamos recuerdos. Gracias, un abrazo.
EliminarMe encantó, sin dudas los aromas te conectan con recuerdos y ausencias, la infancia que nos dejó es una de ellas.
ResponderEliminarSaludos.
PATRICIA F.
A veces te llevas sorpresas, un aroma o una textura, un color o una imagen traen un recuerdo que se había perdido entre los recovecos de las neuronas. Un saludo, Patricia.
EliminarLa infancia siempre suele vivir en nosotros para bien o para mal.
ResponderEliminarBien traído a Proust y su famosa magdalena.
Besitos
No había caído en ello, pero es cierto, no todas las infancias o momentos de ese tiempo son felices. No siempre ser niños y felicidad van asociados aunque deberían. Un beso, Tracy.
EliminarEse recuerdo de Proust con la magdalena y el té...nos ha trasladado a esa infancia que permanece eternizada en tus letras...je,je.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable, compañera de letras.
Gracias, es una alegría tenerte por estos lares. Un abrazo y feliz finde.
EliminarNo sabía que se llamaba así el efecto de desbloquear recuerdos... a mí me has recordado el entrañable olor a goma de nata...Uhmmmm Gracias por ello :)
ResponderEliminarBss
Fue una gran novedad en su época, ahora ya no huelen ni parecidos. Un beso, compi juevera.
EliminarTengo en mi cabeza toda una serie de olores y de sabores y solo basta una chispa para que vengan a mi presente.
ResponderEliminarUn saludo amiga
Así es. Aparecen sin avisar y, de momento, se conectan un par de neuronas y nos traen toda una historia vivida. Un saludo, amigo buscador.
EliminarHola Verónica,
ResponderEliminarPues creo que tienes razón y que no hay mejor forma de perder el tiempo que leyendo a la busca del tiempo perdido. Entiendo esa sensasión de la magadalena, a mi me pasa con el chocolate con porras (cuando me dejan tomarlos).
Un saludo.
Yo le voy a dar la vuelta a tu comentario para entenderlo al pie de la letra, es perder el tiempo ir a lo que se vivió. Saliera bien o mal, se decidió, se aprendió y a tra cosas, mirando hacia delante y a hacerlo mejor. Saludos y gracias.
EliminarYo le voy a dar la vuelta a tu comentario para entenderlo al pie de la letra, es perder el tiempo ir a lo que se vivió. Saliera bien o mal, se decidió, se aprendió y a tra cosas, mirando hacia delante y a hacerlo mejor. Saludos y gracias.
EliminarQue lindo es jugar con el espejo de la memoria...Qué hermoso modo de explicar cómo la memoria vive escondida en lo cotidiano. A veces no recordamos personas o etapas por las imágenes, sino por los aromas que dejaron en nosotros. Tu texto tiene esa melancolía cálida de las cosas simples que ya no vuelven, y logra que uno también viaje a su propia infancia. Me gustó especialmente esa idea de que ciertos olores no desaparecen: se quedan habitándonos....bssss
ResponderEliminarGracias, Diva. Cuál es tu aroma especial de la infancia? El mío el de las redes de los puertos, las algas.... Podría pasar horas con los ojos cerrados y ese aroma. Un beso, compi.
EliminarMadre mía! Nos ha mandando de vuelta a nuestra niñez. Todos esos olores, curioso que de una forma o de otra sean tan reconocibles para todos.. y que nos haga volver atrás en el tiempo.
ResponderEliminarUn escrito magnífico, Verónica. Me ha encantado.
Un abrazo!
Creo que son reconocibles por lo entrañables que fueron, lo interesante es pensar porqué lo fueron, nos daban seguridad? Nos sentíamos protegidos? Tal vez, por eso al ser adultos los añoramos. Gracias!!!!
EliminarEs una experiencia sensorial compartida, se huele, se palpa y hasta logra respirar se.
ResponderEliminarAbrazo.
Más o menos, me he dado cuenta de que tenemos todos algunos aromas infantiles en común, sobre todo el que sale del horno... :)))) Abrazo y buenos deseos.
EliminarBueno, que decirte, acabo de comerme una magdalena... Y no ha pasado nada. Creo que no tengo arreglo. Quién sabe. Pero haré otro intento: comeré un trozo de chocolate, a ver si asi viene a mi mente aquello que me decía mi madre: "Hijo, vete a la tienda de la señora Benita y dile que te de media libra de chocolate... Que ya se la pagará tu mama..."
ResponderEliminarYa te diré si la cosa tiene efecto.
Abrazo confuso
Jajajajja. Depende de la marca de las magdalenas. Las mías las hago yo y no tienen parangón. Por cierto, me dio la receta una amiga que son mil de familia y tenía la receta con los productos duplicados, si no me acuerdo de simplificarla comemos magdalenas un mes!!!! Ya me cuentas el resultado del chocolate, seguro que era de bollo, te acuerdas? Un abrazo libre de confusión!
EliminarUna lista de aromas muy efectiva y nostálgica. Es concreta, infantil y genera imágenes muy vívidas. Los olores como activadores de recuerdos y conexión con la ausencia son algo muy bonito. Y luego viene el cambio: empieza lírico y de repente se vuelve muy informal y crítico con Proust (“señorito snob”, “que se rasque a quien pique”). Esto rompe la atmósfera.
ResponderEliminarSaludos
Si no desmitificara no sería yo. Jajajajja. Gracias por venir, Marcos.
EliminarLas imágenes se han sucedido en el recorrido por tus letras.
ResponderEliminarGracias
Eso intentaba. Bravo. Unir aromas a imágenes!!!! Un abrazo, Maia. Feliz día.
EliminarMe he emocionado porque me hiciste recordar aquellos domingos en los que papá traía churros para desayunar y mamá hacía el chocolate. ! Qué recuerdos! Y que triste ausencia que siempre persiste.
ResponderEliminarUn abrazo
Muy cierto. Los recuerdos se activan con ciertos olores, sabores y sonidos. El aroma a café por la tarde me trae el recuerdo de mi madre. Cosas que marcan. Un abrazo, Verónica
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
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