De la cantina salió un hombre con el sombrero y el revolver bajos.
Otro esperaba sobre el caballo cansado, con la mano cerca del cinto.
La polvareda espesa flotaba en el aire y desdibujaba las imágenes. El sol era abrasador pero el hombre bajó el porche y pisó la ardiente calle.
Ni tres segundos pasaron, Manuel disparó, tenía prisa por terminar y volver a la sombra del interior del bar. Los tiros fueron devueltos, astillas y más polvo cubrieron la escena.
Mientras los últimos disparos todavía resonaban en la calle, ningún sonido de cuerpo desplomado.
- Baja del caballo, Sebastián, si estás vivo.
Sebastián había desaparecido aprovechando la polvareda y el ruido.
- Ya volverás, el desierto de Almería siempre impone su ley.
El relato es una chorrada pero el café ha salido bueno... :))
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Toda una escena del oeste, y encima con el desierto de Almería .
ResponderEliminarEse café debe saber a gloria bendita.
Un saludo feliz día.
Cowboy coffee, el mejor de todos, despues de una jornada de balas bien vale la pena
ResponderEliminarJajaja, toda una escenificación de uno de esos momentos tan habituales en la época del Oeste. Me recordaste el pueblo donde se hacían las mayoría de películas del western en Almería.
ResponderEliminarUn abrazo
Amiga Veronica, boa noite de paz!
ResponderEliminarO velho oeste tem cada conotação de violência sem sentido, matar por matar.
Criou um conto com relance verídico.
Tenha dias abençoados!
Abraços fraternos
El huir puede ser una buena estrategia, aunque el desierto sea un serio incoveniente.
ResponderEliminarTambién tiene sentido evitar la persecusión, para volver a la sombra, dentro de la cantina.
Un abrazo.
Jajaja si es que nada como irse a la sombra para tomarse ese café... hasta el mejor pistolero lo sabe ;)
ResponderEliminarUn relato corto, pero veraz. Sin adornos ni héroes.
ResponderEliminarSintetizou bem o clima no velho oeste e como um bom conto, deixa alguma coisa no ar, assim como a poeira sob o sol escaldante.
ResponderEliminarBoa participação com ilustração.
Abraços
El descanso después del rodaje. Un chorrada pero muy bien contada.
ResponderEliminarUn saludo
Jaja es que el sol ardiente a nada bueno invita... quien tiene ánimo de un buen duelo cuando el sol del desierto nos marca el mediodía!? Jaja abrazo Verónica. Muchas gracias por sumarte
ResponderEliminarNo es una chorrada, a mí me ha gustado que te centres en el Oeste peliculero de Tabernes.
ResponderEliminarA lo mejor es que las pelis de Hollywood y los spaghetti western nos metieron en la cabeza que el oeste era un sitio sin ley donde había matanzas cada dos por tres, pero resulta que era más bien al revés. Estaba todo en plena modernidad: con su telégrafo, sus trenes, sus jueces y comisarios, el reparto de tierras y una migración con un empuje bárbaro. ¡Me atrevo a decir que con tanto adelanto se vivía mejor allí que en muchos sitios de hoy en día!
ResponderEliminarA mí, desde niño, cuando vivía en el barrio de los ferrocarriles de Valladolid, siempre me han gustado las películas del oeste (y me siguen gustando, en lo poco de niño que me queda).
ResponderEliminarFeliz fin de semana
Café con sabor a western, me gusta ;) Tendré que probar también el calor abrasador de Almería.
ResponderEliminarUn besazo, Verónica
Tu comentario final es de sobresaliente, y me has provocado una carcajada. No me lo esperaba. El relato típico y tópico como es el mismo western. Me encanto leerte. Un abrazo.
ResponderEliminarDicen que soldado que huye sirve para otra guerra, este Sebastian todo un cobarde, aprovecho que nadie lo viera para escapar. Muy buena la historia, me apunto para el café al estilo western.
ResponderEliminarQue tengas un buen día
Saludos
Ya era grande cuando me enteré que muchas películas del "lejao oeste" habían sido filmadas en Almería.
ResponderEliminarY esome hace acordar que cuando hicieron "El Renacido", esa en la que actúa Di caprio, se quedaron sin invierno en Norteamérica y vinieron corriendo a Ushuaia, la capital más austral de Argentina para seguir con la filmación.
Abrazos, Censura!
Hola, compis. No ha sido nunca mi género ni por asomo, pero en mis tiempos eran los tiros y polvaredas, partidos de fútbol y en verano las corridas de toros. Lo único que recuerdo era un montón de gente alrededor de la única tele de las casitas de verano y yo sufriendo por las caídas de los caballos en las pelis de vaqueros (ya ves, como si hicieran películas de pastores de ovejas en España, jajajjjaja) y morir de pena por los toros. Un abrazo y muchas gracias por venir.
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