Cada amanecer encuentro una nota doblada en cuatro por debajo de la puerta. "Sonrio para no delatar mi cansancio", siempre la misma frase. Me dedico a observar a los vecinos, dueños de las tiendas próximas o a cualquiera que pueda conocerme y me sonría al pasar. Cada día es alguien diferente, o nadie... Parece que las notas, ni piden perdón ni compasión, únicamente manifiestan.
Hoy he dicho que no y no se ha acabado el mundo, bien, me siento bien.
Voy a pasarme la noche en vela pendiente de la mirilla.
Ahí está, esperaré a que se acerque, me duele el estómago.
Reconozco esa cara. Soy yo. Me asombra el tiempo que he tardado en reconocer mi propio cansancio. El misterio se ha resuelto cuando ya no es necesario.
ME AMARÉ SIN SABER CÓMO, NI CUÁNDO, NI DE DÓNDE...