Lo pongo en la encimera primero pero, para que ese día comience distinto hago algo poco usual, me siento.
- Primero el café. Después, todo lo demás.
Llega un mensaje.
Respondo....
Llega otro.
Respondo... sin pensar que un simple “Qué haces?” puede convertirse en una conversación de cuarenta minutos.
Café frío directo al microondas. Aprovecho esos 25 segundos para abrir un sobre del banco, entro en la banca digital y acabo viendo el vídeo de un gato que tiene miedo de un pepino.
Café frío. Al micro...
Lo caliento y entro en Instagram “solo dos minutos” y, veinte minutos después, sé quién se casó en 2007 con la prima del vecino de una influencer brasileña.
Café frío. Al micro...
Suena el teléfono, es mi amiga Asunción para darme el parte de la visita al médico de su marido.
Café frío. Al micro...
Resoplido y palabrota...
“Quizá el problema no es el café sino yo que necesito organizarme.”
Hago con firme determinación una lista que sé en el fondo que no cumpliré:
1. Beberme primero el café caliente.
2. Organizar el día.
3. Ser responsable y cumplir el punto 2.
4. No distraerme.
5. No volver a calentar el café cuatro veces.
Termino la lista satisfecha, suspiro y me digo:
- Bueno, mañana empiezo. Voy a calentarme el café...