Aquella noche los colores se desbordaron por la casa, el violeta oscuro en forma de humo se pegó al techo, el amarillo enfermizo bajó por las paredes, el verde recorrió como moho suelos y bajos. El azul había desaparecido pero el rojo se volvía, poco a poco, más oscuro, casi marrón.
Qué desgracia, decían los vecinos. Seis personas...
Verónica, desde la acera, miraba la casa con los labios manchados de un color extraño.
Sonreía feliz por haber descubierto un nuevo color, el negro absoluto que permanece cuando ya no queda nadie para mirar.
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