Si el café le salía perfecto, era por casualidad. Si el vecino le sonreía al saludar, seguramente tenía un buen día. Si el trabajo le salía bordado, porque no era mucho o era demasiado fácil.
La persona gris que él veía en el espejo, no era tal; ahí reflejaba, ciertamente, un gran arquitecto de maravillas cotidianas.
Porque todos brillamos, hasta el café...
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Muito lindo e que bom que podemos ver (se quisermos) brilho em tudo e todos. Sempre há! Até no café!
ResponderEliminarGostei de ler!
abraços, tudo de bom,chica
Gracias, por sumarte y asi es todos de algún modo lsolo hay que creerselo. Un abrazo y muy bonito dia.
ResponderEliminarRealmente así debería ser, creerse uno mismo las pequeñas cosas que suceden a nuestro alrededor. Un abrazo
ResponderEliminarQué hermoso descubrir, en este relato, cómo lo cotidiano puede revelarse como un pequeño milagro cuando dejamos de mirarnos con dureza y empezamos a reconocernos con verdad. Ese personaje que se cree gris, casi invisible, termina siendo un artesano de gestos sencillos que iluminan el día: un café bien hecho, un saludo que contagia, un trabajo que fluye sin alardes. Hay en tu texto una invitación suave a reconciliarnos con lo que somos, a aceptar que el brillo no siempre hace ruido, pero está ahí, latiendo en cada acto mínimo.
ResponderEliminarGracias por recordarnos que, a veces, lo especial no es algo que se busca, sino algo que uno descubre cuando por fin se mira con cariño.
Me gusta cómo reivindicas las pequeñas victorias. Por desgracia en nuestro mundo se celebran antes los grandes logros pero, como tú nos recuerdas, hay que poner más el foco en la maestría de lo diario. Y así lo sucede con tu protagonista, un artista de la vida, que lamentablemente no se valora a sí mismo. Llamarlo "arquitecto de maravillas cotidianas" le confiere una dignidad muy merecida, sin lugar a dudas. La excelencia es a veces, como nos demuestras en tu micro, un simple café bien hecho o una sonrisa cómplice sutilmente provocada.
ResponderEliminarLa única nota amarga es su tono agridulce: esperanzador para quien reconoce la grandeza del personaje, pero triste para el protagonista, que anula su propio talento.
Saludos Insolentes!!
Si lo demás lo valoraban, no es problema que se considere una persona gris.
ResponderEliminarBesos.
Me gusta el punto de vista de tu relato... es cierto, todos somos, o podemos ser, más especiales de lo que creemos. Bss
ResponderEliminarMuy escueto y resumidamente perfecto
ResponderEliminarPues claro, hay que parar a veces y decírselo, si antes alguien no te lo ha dicho.
ResponderEliminarSalud.