Tenía una caja de puros vieja en la que guardaba "cosas de suma importancia" y olvidó en el fondo de un altillo. Contenía cristales esmerilados de playas de varios países; también una llave pequeña, una cinta de raso amarilla y unas cuentas ambarinas de collar.
Una tarde, la caja cayó en manos de su hija, que siempre encontraba, no sabía cómo, lo inesperado y perdido. Ese día, el contenido de la caja creció no en tamaño, sino en significado.
- ¿Qué es? -preguntó.
- Un tesoro -respondió.
Se rió, la abrió, miró dentro y paró la risa en seco.
-¿Puedo traer algo? -preguntó.
- Claro - asintió.
Y así, sin más, entendió que el valor no está en lo que encontramos, sino en aquello que decidimos no abandonar.
Hoy dejo para todos los gustos...
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Menos mal, que no
ResponderEliminarle dio por perderla,
saludo.
Si hubiera sido mía a saber dónde la hubiera guardado... Gracias por venir.
EliminarTocante, lindo texto e quanta verdade em tuas palavras.
ResponderEliminarRealmente o valor que podemos atribuir é naquilo que não abandoinamos, resolvemos cuidar! Adorei! abraços, chica
Gracias, compañera. Soy de las guardo un tiempo y me desprendo de todo la temporada siguiente... Beso.
EliminarDicen que el guarda halla, y así es.
ResponderEliminarPero no todo se puede acumular.
Corto, conciso y bien resuelto.
Un besote, Verónica
Suena a inicio de una de esas películas, como "Amélie", en las que la protagonista se propone desvelar su significado. Coincido en que el valor está en lo que decidimos no abandonar.
ResponderEliminar¡Mil gracias por tu relato, Verónica!
Me apunto a un capuchino ;)
Un besazo
La cotización de algo como un tesoro o algo prescindible puede ser algo subjetivo-
ResponderEliminarO representar el recuerdo de un lugar en que se estuvo.
En este caso, el valor como tesoro fue compartido por la hija.
Un abrazo.