Destino obligatorio
El billete apareció sobre mi almohada. Ya sabía que tarde o temprano, como todos, recibiría uno. Sin excepciones.
La impresión en negrita decía...
DESTINO OBLIGATORIO
No indicaba ni estación ni hora. Solo mañana.
Nadie hablaba porque nadie regresaba.
Esperé hasta bien entrada la noche para acercarme a la estación. No había pasajeros, solamente un revisor pálido que ni me miró, estiró el brazo, me cogió el billete y lo perforó.
El tren avanzó durante horas entre una niebla que no dejaba ver más que oscuridad.
Poco antes del amanecer, las ventanas comenzaron a reflejar personas, un niño sin ojos sonreía desde el pasillo.
Mantuve los ojos cerrados hasta que por los altavoces escuché:
- Próxima y última parada.
El tren se detuvo frente a lo que supuse una estación, porque miles de figuras silenciosas que esperaban en el andén cubrían el fondo.
Todas estaban descompuestas.
Todas observaban el convoy con hambre.
Las puertas se abrieron y dejaron ver una señal que no tenía escrito el nombre de ninguna ciudad, solo una fecha.
Uma viagem que, sem dúvida é a mais cderta em nossas vidas!
ResponderEliminarLinda inspiração e o café tentador!
abraços, chica
Gracias, espero que esté bueno!!
EliminarWow! esa frialdad de nuestro destino final y obligatorio... me has puesto los pelos de punta! Has descrito ese ambiente impecable. Muchísimas gracias por participar. Bss ;)
ResponderEliminarYo sólo espero que no me coman, jajjajaj. Gracias.
EliminarEl destino es obligatorio, pero el camino se define según nuestras acciones, así que, marquemos la diferencia y hagamos lo que nos guste de la mejor forma posible! Besos
ResponderEliminarAunque decidamos cómo vivir la vida, esos hambrientos están esperando en el andén.... Buhhhhh
EliminarPero...¿también me encontraré a la vecina de arriba , esa que empieza a arrastrar los muebles a las 4 de la mañana porque dice que hay que barrer?
ResponderEliminarUfff, como que no me monto, no me monto en ese tren ...
La de los muebles y el vecino que medio piripi me cantaba canciones del Titi a voz en grito, cuando volvía de madrugada a casa cada sábado, menudo calvario!!!!
EliminarMuy interesante, Me encanta.
ResponderEliminarSalud.
Gracias por venir.
EliminarTan intrigante como inquietante.
ResponderEliminarUn abrazo.
Eso intentaba, que dejara un pequeño regusto a peli de zombies, jajaja.
EliminarTal vez los zombies fu eron llevados a esa estación, para mantenerlos alimentados y así no se descontrolen, esparciendo su condición.
EliminarY tal vez las víctimas no sean inocentes. Puede que la protagonista haya estado cargando con una culpa, aceptando por eso un final nada agradable.
Otro abrazo.
Muy bien narrado el destino final, ese del que nadie escapa, solo me inquieta todos esos seres escalofriantes que esperan en la última para.
ResponderEliminarMuy bueno, me tomo ese cafecito recién hecho, un abrazo.
PATRICIA F.
Eso, mejor nos tomamos el café y luego pensaremos si somos el postre 🥞
EliminarSi lo tomo literal se me ocurren varias estaciones de Buenos Aires como 3 de Febrero, 9 de julio, 30 de diciembre.... si tomo la metáfora de tu relato, es la estación José León Suárez jajajaja
ResponderEliminarEscena terrorífica, bien llevada.
Abrazos, Censura
Qué ilu verte por aquí. No sabía que Buenos Aires ya estaba tomada por los zombies!!!!! 😅😅😅😅
EliminarHola Verónica,
ResponderEliminarHay quien dice que la historia es un tránsito, así que el viaje en tren tiene su lógica. La estación final parece una sala de espera para el próximo tránsito. Claro que la espera puede ser muy larga. Excelente relato.
Un saludo
Mejor que la espera sea larga, a ver si los hambrientos se aburren y se van a comer a otra estación!!! Saludos.
EliminarParece la galeria de la carcel a donde llevan los condenados a muerte. Todos esperando carne fresca que pronto se marchitará.
ResponderEliminarAbrazoooo
Buena interpretación, me encanta!!
EliminarMe hiciste recordar aquel poema de leyenda de Dámaso Alonso, de la mujer que había llegado en un tren en la noche...
ResponderEliminar¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?
Es curioso como un relato de supuesto pseudo-terror te ha llevado a este literato. Me dejas inquieta...
EliminarDisculpa mi incipiente ánimo banal pero tengo la preocupante sensación de que son zombis a la espera de "comida". ¿O es la Agencia Tributaria?
ResponderEliminarNo lo sé, pero prefiero los zombis...
Perder un trozo de brazo o media cuenta del banco.... Menudo dilema, no sé yo dónde prefiero el bocado 😁
EliminarHay historias de terror que hablan de monstruos, tu relato habla de algo mucho más cercano.
ResponderEliminarNo, no hay monstruos, pero no me gustaría que los que esperan en el andén estén demasiado cerca.... Qué miedo!!!
EliminarDa miedo porque, en el fondo, sabemos que algún día todos subiremos a ese tren.
ResponderEliminarAbrazo
Así es, pero cuando me toque espero que no hayan hambrientos en el andén esperando... Abrazo, compi.
EliminarExcelente relato. En pocas líneas consigues transmitir una gran tensión y una sensación de fatalidad inevitable. El final es especialmente impactante porque deja espacio para que el lector complete el horror con su propia imaginación. Esta es la atmósfera oscura que me gustan en los relatos y sobre todo, me encantó esa carga simbólica del viaje...bsss
ResponderEliminarGracias, tenía ganas de un poco de terror o de mito heleno... Beso.
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